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Cuidando las formas

No es la primera vez que desde aquí hablamos de la desconfianza existente entre la ciudadanía y el sistema político. Existe una creciente lejanía entre las personas y los líderes políticos que, una vez más y con motivo del Debate Sobre el Estado de la Nación, se ha vuelto a manifestar.

Y ya no se trata sólo de una cuestión ideológica, ni siquiera de corrupción o de falta de transparencia: ahora es un tema de formas.

Mientras la sociedad civil crea redes de apoyo entre personas y consolida nuevas fórmulas que favorecen el sentir de comunidad y el respeto, los políticos se enfrentan a cara de perro.

A pie de calle se piden modales para fomentar la convivencia entre todos. En Valladolid, por ejemplo, un bar ha colocado un cartel donde los precios del café varían en función de la educación con la que se pide. En Quart, Girona, existen otras señales para pedir a los usuarios del carril bici que se saluden al pasar. Jordi Arau, su impulsor, dice que así aumentará la cordialidad entre la comunidad formada por los ciclistas, los deportistas y amantes de la naturaleza.

En cambio, todo un presidente de gobierno llama “patético” al líder de la oposición y añade “no vuelva usted por aquí a hacer o decir nada”. Se trata de un comentario, entre otros muchos, que pone en evidencia una falta de respeto, y prepotencia hacia el resto.

Al mismo tiempo, la vicepresidenta del Congreso de los Diputados da ejemplo sobre cómo presidir la sesión más importante del año en la cámara baja. Así, mientras los estudiantes tienen prohibido utilizar tablets o smartphones en las aulas, la vicepresidenta se entretiene jugando al Candy Crush en el debate sobre el estado de la nación.

Algunos medios han convertido, incluso, esta anécdota en una metáfora que escenifica el poco interés, incluso el aburrimiento, que genera entre nuestra clase política la situación del país. Es una nueva muestra de cómo se sitúan en una burbuja de cristal ajena a los problemas de su gente.

Parece que, una vez más, las personas anónimas estamos dando una lección sobre cómo comportarse a los grandes líderes que rigen el destino de nuestro país. Porque la desconfianza no es sólo cuestión de fondo, sino también de formas. Y todo eso sin comentar el famoso “caloret” de Rita Barberà.

ikea adopcion

¿Comprar?… o… ¿adoptar?

Se extiende cada vez más en nuestra sociedad una mayor sensibilidad hacia el mundo de los animales y sus derechos.

A pesar de ello, todavía muchos siguen considerando a perros y gatos casi como objetos que regalar a los niños por Navidad. Las tiendas de animales se llenan en esa época como si fueran jugueterías. Y algunas de esas mascotas son abandonadas en cuanto dejan de ser cachorros o llega el verano y son un engorro. No podemos obviar que España es el país europeo que más animales abandona: hasta 150.000 acaban cada año en las carreteras. Eso supone unos 400 al día.

Porque un animal no es un objeto: tener una mascota exige una dedicación, una responsabilidad y un compromiso.

A pesar de ello, poco a poco se va produciendo un cambio de mentalidad sobre lo que significa tener una mascota. Y el valor que se le da a esta. Algunos criadores (pocos todavía) directamente ya no venden cachorros en Navidad o como regalo de cumpleaños.

Surgen además algunas voces que tratan de concienciar a la sociedad al respecto. El grupo animalista Alba Kids junto a la FAPAM (Federación de las Asociaciones de la comunidad de Madrid) han aprovechado estas Navidades para lanzar una campaña. Bajo el lema “No Regales Abandono” buscaba frenar esa compra compulsiva y caprichosa que se produce en esa época. Publicaron un spot en youtube que obtuvo más de 40.000 visitas en los 3 primeros días. También hicieron un acción perfomance en Madrid y crearon una web especial sobre el tema.

Otros países demuestran estar mucho más avanzados en el tema. Ikea Singapur, por ejemplo, lanzó una iniciativa para fomentar la adopción de perros abandonados. Dentro de la propia tienda se incluían perros de cartón a tamaño real, con imágenes de perros para cada uno de los espacios propuestos. Una manera de demostrar que tu casa, y los muebles de Ikea, se ven mejor con un perro dentro de ella.

En EE.UU., un hotel de Carolina del Norte da la bienvenida a sus huéspedes en compañía de un perro que se ofrece para ser adoptado. El Aloft Hotel de Asheville es el único hotel que permite adoptar perros y que además lo fomenta.

Todavía falta mucho para que cosas como esa ocurran aquí. De hecho, en muchos hoteles y establecimientos ni siquiera se admite su presencia. Pero de momento parece que la sensibilidad y los comportamientos están empezando a cambiar en este sentido.

Si las cifras dicen que 1 de cada 3 españoles da más importancia a su mascota que a sus amigos, esperemos que eso se demuestre también en su comportamiento hacia ella.

Las propias palabras ya dicen mucho: se compran cosas, se adoptan seres vivos.

turismo hasta en el cine

Turismo hasta en el cine

Últimamente el debate sobre el modelo turístico de Barcelona está en plena actualidad. Los vecinos de la Barceloneta protestan por el turismo de borrachera. La gente de alrededor de la Sagrada Familia se queja de la excesiva masificación que existe en su barrio. Los comerciantes del Mercat la Boqueria se muestran divididos (e incluso enfrentados) respecto a las bondades y maldades que tiene el aumento de los visitantes extranjeros en sus negocios en particular y en la concepción del mercado en general.

La polémica está servida y muchos dicen que el tema va a ser uno de los principales ejes de la próxima campaña municipal, en el enfrentamiento por alcanzar la alcaldía de Barcelona.

Y está claro que Barcelona es una ciudad que vive en parte del turismo. Un gran porcentaje de su producto interior bruto se basa en esta actividad. Y va a ser complicado conseguir equilibrar el derecho a la tranquilidad y a la vida de barrio de muchos ciudadanos, con el derecho a ejercer su actividad económica de otros.

Y es que el turismo está alcanzando hasta los sectores más insospechados. El cine Verdi, por ejemplo, ha sido durante muchos años un estandarte de la cultura del barrio de la Vila de Gràcia. Ha dado, y sigue dando, mucha vida al barrio y una oferta cinematográfica de calidad y con poca competencia en la ciudad.

Ahora han lanzado una curiosa iniciativa. Ofrece una sesión de la película española “La Isla Mínima” en versión original en castellano, subtitulada en inglés. La idea debe ser atraer al público extranjero no sólo a sus salas sino también a acercarse al público español.

La propuesta habla de su vocación por abrirse a nuevos públicos. Pero también del interés en captar a los extranjeros que pasan por la ciudad o incluso que viven en ella. De hecho, Gràcia se ha convertido en lugar de residencia fijo de muchos europeos.