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Cuidando las formas

No es la primera vez que desde aquí hablamos de la desconfianza existente entre la ciudadanía y el sistema político. Existe una creciente lejanía entre las personas y los líderes políticos que, una vez más y con motivo del Debate Sobre el Estado de la Nación, se ha vuelto a manifestar.

Y ya no se trata sólo de una cuestión ideológica, ni siquiera de corrupción o de falta de transparencia: ahora es un tema de formas.

Mientras la sociedad civil crea redes de apoyo entre personas y consolida nuevas fórmulas que favorecen el sentir de comunidad y el respeto, los políticos se enfrentan a cara de perro.

A pie de calle se piden modales para fomentar la convivencia entre todos. En Valladolid, por ejemplo, un bar ha colocado un cartel donde los precios del café varían en función de la educación con la que se pide. En Quart, Girona, existen otras señales para pedir a los usuarios del carril bici que se saluden al pasar. Jordi Arau, su impulsor, dice que así aumentará la cordialidad entre la comunidad formada por los ciclistas, los deportistas y amantes de la naturaleza.

En cambio, todo un presidente de gobierno llama “patético” al líder de la oposición y añade “no vuelva usted por aquí a hacer o decir nada”. Se trata de un comentario, entre otros muchos, que pone en evidencia una falta de respeto, y prepotencia hacia el resto.

Al mismo tiempo, la vicepresidenta del Congreso de los Diputados da ejemplo sobre cómo presidir la sesión más importante del año en la cámara baja. Así, mientras los estudiantes tienen prohibido utilizar tablets o smartphones en las aulas, la vicepresidenta se entretiene jugando al Candy Crush en el debate sobre el estado de la nación.

Algunos medios han convertido, incluso, esta anécdota en una metáfora que escenifica el poco interés, incluso el aburrimiento, que genera entre nuestra clase política la situación del país. Es una nueva muestra de cómo se sitúan en una burbuja de cristal ajena a los problemas de su gente.

Parece que, una vez más, las personas anónimas estamos dando una lección sobre cómo comportarse a los grandes líderes que rigen el destino de nuestro país. Porque la desconfianza no es sólo cuestión de fondo, sino también de formas. Y todo eso sin comentar el famoso “caloret” de Rita Barberà.