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Cuidando las formas

No es la primera vez que desde aquí hablamos de la desconfianza existente entre la ciudadanía y el sistema político. Existe una creciente lejanía entre las personas y los líderes políticos que, una vez más y con motivo del Debate Sobre el Estado de la Nación, se ha vuelto a manifestar.

Y ya no se trata sólo de una cuestión ideológica, ni siquiera de corrupción o de falta de transparencia: ahora es un tema de formas.

Mientras la sociedad civil crea redes de apoyo entre personas y consolida nuevas fórmulas que favorecen el sentir de comunidad y el respeto, los políticos se enfrentan a cara de perro.

A pie de calle se piden modales para fomentar la convivencia entre todos. En Valladolid, por ejemplo, un bar ha colocado un cartel donde los precios del café varían en función de la educación con la que se pide. En Quart, Girona, existen otras señales para pedir a los usuarios del carril bici que se saluden al pasar. Jordi Arau, su impulsor, dice que así aumentará la cordialidad entre la comunidad formada por los ciclistas, los deportistas y amantes de la naturaleza.

En cambio, todo un presidente de gobierno llama “patético” al líder de la oposición y añade “no vuelva usted por aquí a hacer o decir nada”. Se trata de un comentario, entre otros muchos, que pone en evidencia una falta de respeto, y prepotencia hacia el resto.

Al mismo tiempo, la vicepresidenta del Congreso de los Diputados da ejemplo sobre cómo presidir la sesión más importante del año en la cámara baja. Así, mientras los estudiantes tienen prohibido utilizar tablets o smartphones en las aulas, la vicepresidenta se entretiene jugando al Candy Crush en el debate sobre el estado de la nación.

Algunos medios han convertido, incluso, esta anécdota en una metáfora que escenifica el poco interés, incluso el aburrimiento, que genera entre nuestra clase política la situación del país. Es una nueva muestra de cómo se sitúan en una burbuja de cristal ajena a los problemas de su gente.

Parece que, una vez más, las personas anónimas estamos dando una lección sobre cómo comportarse a los grandes líderes que rigen el destino de nuestro país. Porque la desconfianza no es sólo cuestión de fondo, sino también de formas. Y todo eso sin comentar el famoso “caloret” de Rita Barberà.

#jesuishypocrite

El final de la inocencia.

Los asesinatos a cargo de los terroristas yihadistas en Francia la semana pasada han causado una ola de indignación en todo el planeta.

El hashtag #jesuischarlie ha sido trending topic mundial. Ciudadanos, periodistas y dibujantes han alzado sus voces a favor de la libertad de expresión y contra la violencia.

Todo este sentir popular ha desembocado en una gran manifestación en París. Más de 1 millón de personas acudieron para mostrar su postura en defensa de los derechos individuales de las personas y su solidaridad con los asesinados.

Y ahí estaban también los líderes de más de 50 países. Todos ellos quisieron dejarse ver a la cabeza de esa manifestación y sumarse a la indignación popular.

Pero una vez más una imagen mostró la lejanía que existe hoy entre instituciones, políticos y su pueblo. El diario Le Monde lanzó un tuit durante la manifestación, y creó una controversia que ardió en las redes sociales. Era una foto de la cabecera de la marcha desde otro ángulo. Mostraba una “mini-manifestación selectiva” formada solamente por dignatarios y personalidades políticas.

En ella se observa claramente a unos políticos que no se mezclan con el pueblo. Cuestiones de seguridad, dirán algunos. Lo cierto es que ella sola define por sí sola el enorme alejamiento entre la ciudadanía y sus líderes.

La creciente desconfianza en el sistema se asienta en imágenes como esta. Surgieron a partir de ese momento centenares de mensajes tipo #jesuishypocrite o “los políticos sólo han ido a París a hacerse la foto”.

Las nuevas tecnologías permiten hacer eco de este nuevo sentir. Y es que cada vez son más los que desconfían de este sistema.

El nuevo escenario que ha dejado la crisis ha desplazado a las grandes instituciones. No se trata sólo de la lejanía con el mundo político y los ciudadanos. También otras instituciones sociales, financieras, económicas, etc. hasta ahora respetadas, están siendo cada vez más puestas en duda.

La sociedad civil crea nueves redes de apoyo entre sus ciudadanos: de persona a persona, desde el factor humano. Esta nueva concepción de ciudadanía busca la emancipación del sistema convencional tal y como está estructurado. Por ello pone en marcha partidos alternativos, busca otras opciones de financiación y defiende la autogestión desde las organizaciones de base.

Es el final de la ciudadanía crédula. El final de la inocencia.